Jueves, 23 Abril 2015 00:00

Wikén - El Mercurio

viernes, 21 de octubre de 2016

Por Patricio Tapia
Wikén
El Mercurio

Dos nuevos bares de vinos en Santiago apuestan por dar a conocer lo más reciente de la escena enológica chilena. Y ojo, que también hay algo más allá de nuestras fronteras.

Marion Liss es alsaciana, y hace cinco años que llegó a Chile. Un par de años más tarde se hizo conocida en el ambiente gastronómico local gracias a su pequeña empresa de importación de quesos franceses. Y, claro, como puede resultar natural, de los quesos pasó a los vinos. Hoy importa unas 35 etiquetas de vinos de su país, uniéndose a un grupo pequeño, pero pujante de gente que cree que a los chilenos no sólo nos gusta beber local.

Dos nuevos bares de vinos en Santiago apuestan por dar a conocer lo más reciente de la escena enológica chilena. Y ojo, que también hay algo más allá de nuestras fronteras.

Marion Liss es alsaciana, y hace cinco años que llegó a Chile. Un par de años más tarde se hizo conocida en el ambiente gastronómico local gracias a su pequeña empresa de importación de quesos franceses. Y, claro, como puede resultar natural, de los quesos pasó a los vinos. Hoy importa unas 35 etiquetas de vinos de su país, uniéndose a un grupo pequeño, pero pujante de gente que cree que a los chilenos no sólo nos gusta beber local.

El hermano de Marion se llama Guillaume y llegó al país hace menos de un año. Juntos, esta próxima semana inauguran Les Dix Vins, un bar de vinos y a la vez tienda, en el número 2935 de la avenida Vitacura. "Nuestro proyecto es hacer conocer el vino francés en el público chileno, sobre todo por copas", dice Marion, quien -tal como su hermano- nunca tuvo relación comercial con el vino hasta ahora.

El lugar es pequeño, con una amplia mesa de madera para que los comensales compartan, además de dos o tres mesas para grupos más pequeños. Una parte importante del espacio se dedica a la exhibición de lo que venden, la mayor parte, vinos franceses, pero también de pequeños productores chilenos. "Nos interesa destacar el trabajo más artesanal, ya sea el que se hace en Chile como el que se hace en Francia", apunta Marion.

En Les Dix Vins, además de vinos, también se ofrecerá comida en formato de tapas y algunas de las 25 variedades de quesos que los hermanos Liss importan. Ya por eso, y por la excelente selección de vinos, vale la pena la visita.

Se trata de un wine bar más en Chile. Una idea que recién con la inauguración de Bocanariz en 2011 ha comenzado a ser una apuesta viable. Antes (y cuando hablo de antes, hablo de los 90, en pleno auge del vino chileno) era apenas una fantasía de geeks. No sé si alguien aquí recuerda La champañería, ese local de Providencia, propiedad de Mauricio Fredes (actual dueño de La Vinoteca) que hoy sería un hit en el medio de todo este auge de espumantes, pero que en esos años estaba demasiada adelantada a sus tiempos. Tiempos en que el vino no era lo que hoy es: un reemplazante serio para el pisco sour y la vaina, para ponerlo en términos simples.

Bocanariz quebró esa idea algo absurda de que un wine bar no podría ser un buen negocio en un país productor de vinos. Hoy, los responsables de Bocanariz acaban de inaugurar La Misión, un bar de vinos con fachada de restaurante que en su carta tiene espacio para ocho vinos hechos de cepa país, cinco cinsault, dos monastrell, cuatro garnachas e, incluso, un espacio en esa amplia carta para un trosseau. Vinos que años atrás en una carta habrían sido sólo parte de la imaginería de los más alocados amantes del vino chileno. Hoy existe. Las cosas están cambiando.

"Nuestra idea es mostrar la geografía de los vinos en Sudamérica", dice Katherine Hidalgo, socia de Bocanariz y La Misión, mostrándome una carta alucinante que cubre algunos aspectos fundamentales de Uruguay, México, Bolivia, California, Perú y, claro, lo más destacado de Chile.

La Misión es, en esencia, un wine bar. Tiene 41 vinos por copas y cuatrocientas y algo de etiquetas en la carta, con algo así como el 60% de esa oferta circunscrita a vinos nacionales.

"En Bocanariz, el vino es el actor principal. En La Misión queremos que tanto la comida como el vino estén al mismo nivel", dice Katherine, mientras ambos damos cuenta de un par de copas de pipeño de Cacique Maravilla junto a una tabla de charcutería hecha en casa por el chef Jonathan Michel que, para ser honestos, está al nivel del vino.

Las cosas han cambiado. Y hace rato que lugares como 99, el Cuerovaca o el Baco -por nombrar sólo algunos- han dejado de lado la idea monocromática de cartas de vinos que dan sueño, para adentrarse en lo que realmente pasa en la cada vez más dinámica escena enológica nacional. ¿Conocen el chardonnay de Viñedos Herrera Alvarado en el valle de Marga Marga? Yo no tenía idea de que existía hasta que compre una botella en Les Dix Vins. Está bueno. Re bueno.

Artículo Original: http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=300534

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